Pequeñas pero importantes…

Cada parte de nuestro cuerpo, por diminuta que sea, está allí por un motivo y tiene una función que cumplir. Tal es el caso de las glándulas salivales, que se encuentran en la boca y, como su nombre indica, se ocupan de producir la saliva, que es imprescindible para una buena digestión. Aquí te contamos para qué sirven y qué enfermedades pueden afectarlas.

¿Has notado que a veces, literalmente, se te hace agua la boca? Pues eso es producto, entre otras cosas, de tus glándulas salivales que, como su nombre lo indica, son las que se ocupan de producir la saliva y segregarla hacia la boca, a través de unas aberturas llamadas ductos o conductos, manteniéndola siempre húmeda.

La saliva no sólo ablanda los alimentos y, de ese modo, hace que sea más fácil masticarlos y tragarlos, también tiene una función importante en la digestión. Produce varias sustancias entre ellas: la amilasa (una enzima) que ayuda a que ciertos tipos de azúcares (los almidones) se empiecen a digerir y los convierte en maltosa y dextrina.

Además, la saliva limpia la boca y contiene anticuerpos que pueden matar a algunos gérmenes y ayuda a proteger a las encías y a los dientes

Cuando no se tiene suficiente saliva aumentan las caries y la persona tiene mal aliento (en parte, porque hay más bacterias).

En la boca, tenemos tres pares de glándulas salivales principales:

  • Las glándulas parótidas, ubicadas en el interior de las mejillas, entre la mandíbula y los oídos, sus conductos se vacían en el interior de la mejilla, cerca de los molares (muelas) de la mandíbula superior.
  • Las glándulas submandibulares, ubicadas en el piso de la boca, sus conductos que se vacían detrás de los dientes frontales inferiores.
  • Las glándulas sublinguales, debajo de la lengua, sus conductos que se vacían dentro del piso de la boca.

Además, tenemos entre 600 y 1,000 glándulas salivales pequeñitas desparramadas por toda la boca y la garganta, que se ubican bajo la piel húmeda que recubre los labios y mejillas superiores, el paladar, la región posterior de la garganta, la porción posterior de la lengua, la faringe y los senos nasales.

Como otras partes del cuerpo, tanto las glándulas salivales como los ductos se pueden irritar o inflamar, lo que puede provocar síntomas como:

  • Boca seca
  • Mal sabor en la boca
  • Dificultad para abrir la boca
  • Dolor en la cara o la boca
  • Inflamación de la cara o el cuello
  • Fiebre

Estas inflamaciones pueden ocurrir por diferentes trastornos de las glándulas salivales, como infecciones (producidas por bacterias o virus), obstrucción de las glándulas y hasta tumores (en su mayoría, benignos). Entre ellos, por ejemplo:

  • Cálculos o piedras en las glándulas salivales (sialolitiasis): se producen cuando se forman cálculos pequeñísimos de calcio, llamados sialolitos o cálculos salivales. A veces, estos cálculos pueden bloquear el paso de la saliva hacia la boca, lo que produce dolor e hinchazón. Y si esta afección no se corrige puede producir una infección llamada sialadenitis.
  • Quistes (sacos pequeñísimos llenos de pus): se pueden formar en las glándulas salivales si hay alguna lesión, infección o bloqueo de la saliva, provocado por algún cálculo o un tumor. Los quistes pueden causar problemas para hablar y comer.

Otros problemas que pueden ocurrir en las glándulas salivares pueden estar asociados a otras enfermedades, como las paperas (una enfermedad viral que ataca a las glándulas parótidas principalmente) o el síndrome de Sjögren (una enfermedad autoinmune y crónica, en la cual el cuerpo ataca por error a los órganos que producen líquidos lubricantes, incluidas las glándulas salivales en la boca y las lagrimales en los ojos, lo que provoca boca seca y ojos secos).

El tratamiento dependerá de las causas del problema. Tu médico te indicará qué es lo más conveniente para tu situación. Por eso, no dejes de consultarlo si tienes alguno de los síntomas que he mencionado anteriormente o si tienes dudas sobre la salud de tu boca.

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